MI VIDA SIN TI

Por Estefanía Ferrer del Río

Te busco sin poder encontrarte, te pienso sin poder tocarte, te sueño y al despertar te desvaneces, te anhelo constantemente y no hay consuelo que apacigüe mi dolor, que calme mi tristeza, que borre de mi rostro el surco de mis lágrimas.

Saco fuerzas de la nada, obviando la realidad hasta el punto de creerte cerca, de encontrarte al volver a casa, de abrazarte cuando mis emociones deambulan sin sentido, de volver a una infancia –la tuya- que en la escuela los compañeros no me permitieron gozar, de volver a una felicidad que sólo experimentaba en tu compañía, de verme envuelta en tus brazos y sentirme en un hogar –mi hogar-. Pero ahora todo forma parte del recuerdo, un bello recuerdo que hace sangrar de rabia y frustración mi corazón al tomar consciencia de tu ausencia.

¡La vida es tan injusta! Intento hallar alivio en cómo las diferentes religiones afrontan la pérdida, en las propias motivaciones que tenía antes de tu traspaso, en la aceptación del inexplicable sentido de la vida, pero nada consigue que la culpabilidad se difumine de mi pensamiento. Yo intervine en tu destino escribiendo el principio del último capítulo de tu vida sin permiso, sin necesidad, simplemente por lo que consideraba un bien para ti.

En ocasiones pienso en tu breve existencia y cómo –sin esperártelo y sin crearte expectativas- saliste contra todo pronóstico adelante: te abandonaron y estuviste solo en el hospital hasta que te acogieron sin –a priori- ninguna probabilidad de que una familia te adoptara, escribieron tus padres biológicos las primeras páginas del libro de una vida, la tuya, condenándote, sin saberlo, a un futuro que ningún niño debería tener desproveyéndole de unos papás. Pero tú, contra todo pronóstico, nos robaste el corazón, te hiciste un hueco en nuestras vidas y te convertiste en mi hermano. Ya nunca más estarías solo y tendrías un papá y una mamá que te iban a adorar cada segundo de tu vida. Y una hermana que no concebiría el mundo sin tu presencia.

Y del mismo modo, y contra todo pronóstico también, luchaste incesantemente 27 días hasta que se cansaron de batallar por salvarte y tu débil cuerpo no pudo responder favorablemente a tus ganas de vivir.

Los días pasan sin motivo aparente, la esperanza de hallarte se vuelve turbia al recordar qué ha sido de ti, la incomprensión y el sentimiento más crudo e irracional se despierta en mi alma contra aquellos que te llevaron a desaparecer y convertirte en un ángel libre sin que fuera tu hora. Me enerva el pensamiento, me hierve la sangre al pensar siquiera en sus iniciales (L. G. y L. H., entre otros, como ciertos miembros de la UCI del A. V.), deseando que, al menos, jamás olviden tu nombre, que no quede en vano tu desaparición, aunque entre ellos se hayan encubierto, y que la vida les devuelva no sólo el dolor que ha ocasionado en una familia que te idolatraba sino también les arrebate la vida que sin permiso te quitaron a ti.

Aún oigo tus carcajadas cuando te atacaba sin piedad a cosquillas y acudo a tu habitación para recordar tu olor e intentar no olvidarlo. A veces olvido lo ocurrido y voy decidida a darte las buenas noches; es entonces cuando la vida me devuelve cruelmente a la realidad. Te fuiste sin poder saber si te hice feliz y si te sentías querido por mí, si considerabas que la culpable fui yo, si me perdonabas por mis errores en el pasado. La idea de no volver a verte jamás me quema por dentro y me condena cada noche cuando intento volar a un mundo en el que tú sigues conmigo. No imagino una vida sin ti, sin oír tu “Epepi”, sin decirte cada noche “te quiero” y que me contestaras a tu manera “te ieu”, sin abrazarte… ¡Me entristece sobremanera no poder obtener un abrazo tuyo y saber que esos brazos rechonchos no volverán a acogerme en su vera!

Cuando todo conocido me dice que la vida continúa no puedo hacerme a la idea, porque tú eras mi vida y no estaba preparada para tu inesperada y prematura marcha. Al fin y al cabo, las semanas transcurren, ya estamos incluso en verano, pero mi mente se quedó anclada en marzo y obsoleta en abril, al olvidar mi alegría, mi ilusión, mi motivación, mi versión infantil, que se fueron contigo.

            ¡Qué difícil es vivir sin ti, pero cuánto ha valido la pena tu paso por aquí! ¡Te quería tantísimo, Javi! Mereces que el mundo sepa quién fuiste y yo me encargaré de ello, enano. Tu amor, tu alegría, tu bondad, tu inocencia, tu entusiasmo, tu amistad, tu cariño, tu todo no quedarán en el olvido, jamás, créeme.

noemelia


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