Artículo de opinión:
Endogamia

Por Estefanía Ferrer del Río

Hace años que esperábamos un cambio, un giro de 180º en –y de- las políticas actuales, liderado por cualquier partido proclive a atender las peticiones ciudadanas, pero sobre todo con un historial, de largo o breve recorrido, que avalara la integridad y transparencia que reclamábamos.

Y el pueblo habló hace año y medio y, a pesar de deberse a pactos hechos a conciencia, lograron hacerse con el gobierno municipal y/o autonómico en muchas regiones. Ya habíamos conseguido lo más difícil, el resto lo dejábamos en buenas manos…o eso pensábamos.

Los que ya lo hacían mal en otras legislaturas, lo siguen haciendo incluso peor, eso es indudable, injustificable y, por lo visto, inimputable, pero considero que si se apuesta por un cambio, ese cambio tiene que ser visible y en favor de todos, no seguir alimentando la endogamia que desde antaño ya venían nutriendo otros que tras el plebiscito no quisimos que continuaran. Por algo sería.

¡Cuán grande ha sido mi sorpresa al descubrir la doble cara de la política “honrada”! Soy valenciana y, aunque mi lengua vehicular en esta sección sea el castellano, soy valencianoparlante. Durante muchos años –y dedicando un gran esfuerzo- he conseguido tener un nivel adecuado y correcto de mi lengua, y uno de los motivos, además de la honradez política, por los que creí y confié en la convincente oratoria de mis políticos, fue la protección de nuestra lengua. Me alegraba ver cómo se convertía poco a poco en requisito fundamental cual signo de conservación de algo que nos caracteriza como pueblo, que enriquece nuestra cultura.

Pues bien, la última noticia que ha salido a relucir es que tanto sindicatos como la propia Generalitat han cedido en la petición de que el conocimiento de la lengua no sea conditio sine qua non para acceder ni ascender en la carrera universitaria, pero, en cambio, en los diferentes ámbitos de la educación sí. Increíble.

Para más inri, en mi pueblo, tras la solicitud de unos vecinos para obtener una plaza de minusválidos para su hijo con movilidad reducida, la alcaldía le concedió una, pero pública (es decir, que todo aquel con tarjeta podría aparcar), al otro lado de la manzana. Durante unos cuantos meses no hubo problema, ¿o sí? Resultó que al local que hay enfrente de la “nueva” plaza de aparcamiento le molestaba demasiado para poder servir las comandas, así que, supuestamente gracias a la amistad oportuna –y la cercanía ideológica, que hasta hace poco yo también creía tener- con la administración, se ha conseguido que en lugar de solicitar un vado y pagarlo (ya que cuenta con la “explotación” de prácticamente toda la zona para su clientela) el ayuntamiento subvencione una prolongación de la acera hasta la propia entrada de éste, quitando la recién creada plaza y, por ende, la posibilidad de estos vecinos de aparcar con su hijo, dejándolos a merced de la diosa Fortuna para “disputarse” con otros vehículos habilitados para ello la -ya única- plaza pública que hay cerca.

Por no hablar de la Ley de Dependencia de muchos que siguen sin cobrar pero, en cambio, se prioriza la reapertura del canal autonómico, las condiciones de las becas predoctorales con respecto a las convocatorias anteriores que no parecen potenciar la erudición valorando un labrado CV, sino simple y llanamente la nota, etc.

Estos hechos no hacen más que remover mi conciencia, por haber creído en un cambio cuestionable, al menos hasta ahora, con respecto a lo anterior, por haber ofrecido mi confianza a lo mismo de siempre con diferente nombre, que sigue retroalimentando la más vulgar –y heredada- endogamia concediendo privilegios a los que forman parte de su círculo. ¡Ay, si Pericles levantara la cabeza!

noemelia


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